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Mecanismos de defensa para no enfrentarse a los problemas

Cómo ignoramos la realidad

Autora: Ana Hidalgo

Cuando algo nos asusta, molesta o daña tendemos a huir de la realidad y, para ello, empleamos mecanismos de defensa.

Todos usamos estos mecanismos en mayor o menor medida y de forma consciente o inconsciente.

Con ello, tratamos de sentirnos un poquito más a salvo y controlar nuestros temores.

¿Qué son los mecanismos de defensa?

A grandes rasgos, podemos entender los mecanismos de defensa como formas de reaccionar (muchas veces inconscientes) ante emociones y sensaciones muy variadas que nos resultan difíciles de manejar.

Estos mecanismos pese a querer aliviar el malestar, en muchas ocasiones lo agravan y lo ocultan temporalmente impidiendo su superación.

Además, afectan tanto a nuestras decisiones y formas de entender la vida, como a la forma de relacionamos con otros.

Por eso, hacer visibles estos mecanismos de defensa nos puede permitir sustituirlos por respuestas más adaptativas y beneficiosas.

Como consecuencia de ello, también mejorará nuestra forma de relacionarnos con los demás evitando malentendidos.

¿Cuáles son los principales mecanismos de defensa?

Aunque existen muchas formas de tratar de ignorar la realidad, algunos de los mecanismos de defensa más usuales son:

Negación:

Algo que la mayoría de nosotros si no todos hemos hecho en alguna ocasión es evadir o ignorar un tema.

Te pongo varios ejemplos clásicos:

  • Tu pareja te insulta y menosprecia, pero como nunca te ha pegado no sospechas que te pueda estar maltratando.
  • Te asusta el lunar raro que te ha salido, pero no acudes al médico por si te dice que es algo malo.
  • Tu hijo llega tambaleándose a casa, pero no puedes creer que sea porque ha consumido alcohol u otra droga.

Como vemos claramente desde fuera, negar la realidad no va a conseguir que esta cambie o sea menos cierta.

Por el contrario, retrasa el poder tomar medidas al respecto para solucionar posibles problemas.

Pensamiento dicotómico:

En muchas ocasiones tendemos a ver la realidad en blanco o negro, en todo o nada, en siempre o nunca…

Este tipo de pensamiento tan extremo haca que no podamos captar los matices que nos pueden permitir solucionar los problemas.

Además, puede generarnos sentimientos de indefensión a magnificar su importancia:

  • “Nunca me prestas atención”.
  • “Todo siempre me sale mal”.
  • “Si no consigo todo lo que quiero soy un inútil”.

Pensamiento mágico:

En ocasiones tratamos de convencernos a nosotros mismos o a los demás, de que todo cambiará mágicamente cuando algo suceda.

  • “Si me toca el viaje al caribe mejorará mi relación de pareja”.
  • “Si consigo un coche nuevo mejorará mi reputación”.
  • “Cuando mi hijo acabe el colegio estará más relajado y cariñoso”.

Este tipo de mecanismo de defensa puede ayudar a que nos ilusionemos, sin embargo, se basan en la idea de que las soluciones están en algo externo y que estas darán un giro importante en su vida sin necesidad de hacer nada más.

Es por ello que, a la larga, suele conllevar mayor frustración y malestar, bien al no alcanzar dicho propósito, o por alcanzarlo y ver que la realidad no cambia en el grado esperado.

Proyección:

Este mecanismo de defensa consiste en colocar (proyectar) nuestro malestar o preocupaciones en otros como si perteneciese a otros.

Por ejemplo:

  • Te asusta que tu sobrepeso afecte a tu relación de pareja. Dices: “Ya ni me miras porque no quieres cerca una persona gorda como yo”.
  • No estás conforme con los resultados obtenidos en un proyecto y dices: “es injusto, fulanito me tiene manía y siempre me asigna lo más difícil”.

Como sucede con otros mecanismos de defensa, el empleo de la proyección puede dar lugar a discusiones y malentendidos.

Represión:

Este mecanismo de defensa consiste en reprimir (no dejar salir a la consciencia) vivencias, recuerdos o emociones potencialmente dañinas.

Por ejemplo, podemos “borrar” de nuestros recuerdos traumas como agresiones, humillaciones, violaciones…

En nuestro día a día, tratamos de no pensar en aquellos recuerdos dolorosos que hemos experimentado.

Sin embargo, aunque puede generarnos cierta sensación de tranquilidad y control, a la larga, como decía Freud, las emociones no expresadas tienden a resurgir en el momento menos apropiado.

A mis clientes les digo que es como barrer y esconder la suciedad bajo la alfombra.

Cuando hacemos esto, y reprimimos nuestras emociones, pueden quedarse enquistadas por mucho tiempo y resurgir incluso años más tarde.

Desplazamiento:

Otro mecanismo de defensa clásico es el desplazamiento.

En ocasiones no podemos enfrentarnos a nuestros miedos o frustraciones directamente y los volcamos en otros lugares.

Por ejemplo:

  • Como no he podido salirme con la mía le doy una patada a la papelera.
  • Ante la rabia de una injusticia en el trabajo, conduzco de forma agresiva de vuelta a casa.

Si bien podemos desplazar nuestra agresividad a través de conductas saludables como el deporte (tomado en su justa medida, evidentemente), el desplazamiento también puede conllevar problemas legales y dificultades para relacionarnos con otros.

Por ejemplo, al golpear una propiedad privada o agredir a otra persona o animal.

Aprender a reconocer estos mecanismos de defensa, tanto si somos nosotros los que lo estamos usando como si son otros los que los están empleando contra nosotros, nos permitirá una mejor comprensión de la situación y una nueva posibilidad de cambiar el enfoque del problema hacia medidas más beneficiosas y menos dañinas.

En cualquier caso, si deseas conocer más sobre cómo conocer y manejar tus emociones, echa un vistazo a:

Cómo usar la inteligencia emocional para ser feliz

Cómo mejorar tu inteligencia emocional fácilmente

Qué hacer con una emoción o pensamiento molesto

Cómo nos hablan las emociones

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Sobre la autora:

“Soy Ana Hidalgo, psicóloga de profesión y persona como tú, con grandes experiencias tanto a nivel personal como profesional.

Me dedico a ayudar a personas a superar situaciones difíciles y salir fortalecidas de ellas.

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