google-site-verification: google7dcda757e565a307.html

Qué hacer para vencer el miedo al fracaso

Qué pasa si fracaso

Autora: Ana Hidalgo

¿Alguna vez dejaste de hacer algo por miedo al fracaso?

¿Te asustó pedir una cita a alguien, emprender un negocio o simplemente hacer aquello que querías por miedo a que el resultado no fuera el que deseabas?

Yo he sentido este miedo muchas veces, es una sensación de vértigo hacia un futuro incierto. Sin embargo, puedo decirte que voy prosperando y ya no quedo paralizada como me ocurría antes.

En este artículo defenderé algunas cualidades del fracaso, pues por lo general, algo enseña, sin embargo, no trato de elevarlo como se hace en otros artículos, pues lo cierto es que no es gloria bendita.

Ahora bien, trataré de mostrarte qué hacer para no tenerle tanto miedo y enfrentarte a él.

¿Qué es el miedo?

Como sabes, el miedo es una emoción natural que nos protege en muchas ocasiones.

Si no tuviésemos miedo actuaríamos de forma maníaca, sin importarnos las consecuencias en ningún momento.

Por ejemplo, cruzando la autovía en plena hora punta, a pie y sin mirar.

Por tanto, el miedo es una emoción que nos anuncia que podemos perder algo importante si no tenemos cuidado.

Dado que es algo intrínseco a nosotros, y además adaptativo, no sólo no podemos eliminarlo de nuestra vida, sino que sería contraproducente.

Ahora bien, no siempre que experimentamos miedo se debe a un peligro real, o de las dimensiones que imaginamos.

De ahí, que sea importante aprender a manejarlo y diferenciar cuándo es o no adaptativo.

¿Cómo reaccionamos ante el miedo?

Existen tres mecanismos de defensa básicos ante el miedo: atacar, huir o paralizarse.

Pongamos un ejemplo sencillo:

En las escuelas algunos niños insultan al niño/a que les gusta porque no saben cómo manejar la situación. Esto es: atacan.

Otros disimulan, o se cambian de acera por temor a cruzar una mirada. Es decir, huyen.

Y otros se quedan en blanco, incapaces de decir una simple palabra como “hola”. Se paralizan.

¿Por qué sucede esto?

Porque cuando tenemos una emoción intensa, se activa nuestro “cerebro de reptil”, más primitivo, mientras que pasa a un “estado de letargo” nuestro “cerebro mamífero”, que es el encargado de los pensamientos más complejos.

Es decir, prima la supervivencia al razonamiento.

¿Cómo influyen estos mecanismos ante el miedo al fracaso?

Si buscamos en el diccionario la palabra fracaso veremos que lo definen como malogro, resultado adverso, suceso lastimoso…

Sin embargo, la definición de fracaso es algo muy personal, cada uno tiene la suya propia.

Generalmente el miedo al fracaso nos habla del miedo a lo desconocido, a lo que pueda venir.

Dado que el futuro es incierto, revisamos nuestras experiencias y conocimientos sobre situaciones similares a fin de esclarecerlo.

Cuantas más experiencias positivas tengamos al respecto, más probable es que la situación la sintamos como cotidiana y poco peligrosa.

Es decir, más probabilidad de enfrentarnos a ella (atacar) tendremos, pese a sentir cierta incertidumbre al respecto.

Sin embargo, cuando tenemos experiencias negativas o no tenemos suficientes experiencias, nuestra mente tratará de predecir lo que va a ocurrir valiéndose de nuestras creencias.

El problema aquí reside en que nuestras creencias vienen determinadas, en gran medida, por nuestra cultura, educación, supersticiones…

Es decir, en muchas ocasiones percibimos nuestras posibilidades de éxito o fracaso conforme a nuestras creencias.

En psicología, cuando tenemos pensamientos o creencias que en lugar de sumar nos restan hablamos de distorsiones cognitivas.

Las distorsiones cognitivas nos hacen interpretar los hechos de forma errónea y nos impiden desarrollar nuestra autoestima.

Por ejemplo, podemos creer erróneamente que:

  • Me miran porque estoy haciendo el ridículo.
  • No se puede triunfar si ya tienes cierta edad.
  • Nunca alguien como yo podría lograrlo.

Cuando estas creencias limitantes entran en juego, el miedo al fracaso irá creciendo. En estos casos es muy probable que huyamos de aquello que nos asusta o nos paralicemos.

Qué podemos hacer para vender el miedo al fracaso

  1. Define tus miedos

Posiblemente si estás leyendo este texto es porque asumes que te asusta fracasar. Sin embargo, el fracaso es un término amplio y distinto para cada persona.

¿Qué es lo que realmente te asusta?

Mi experiencia me ha mostrado que nuestros miedos se suelen situar en alguna de estas 3 áreas:

  • No tener habilidades personales (autoestima).
  • Carecer de conocimientos específicos de cómo hacerlo (educación/experiencia).
  • No disponer del entorno adecuado (exceso de presión, falta de medios físicos…)

Conocer en qué áreas se mueven tus miedos te ayudará a saber qué áreas reforzar para vencer tus miedos.

  1. Encuentra tus creencias limitantes

Ya hemos visto la importancia que tienen nuestras creencias a la hora de enfrentarnos a algún miedo, es por eso que se hace prioritario detectar nuestros errores de pensamiento.

Entre las distorsiones cognitivas más habituales están:

  • Sobre generalización: ocurren cuando usamos expresiones del tipo nunca, siempre, nadie…
  • Pensamiento dicotómico del tipo todo o nada, blanco o negro.
  • Negativismo: se desvaloriza lo positivo y se ensalza lo negativo.
  • Adivinar el futuro: sé que va a ocurrir esto o aquello…

Cuando analices tus miedos, anota las expresiones que dices o piensas y que te están frenando. De este modo, te será más fácil refutarlas y corregirlas poco a poco.

  1. Conoce tu propia definición de fracaso.

Fracasar puede significar perder algo valioso. Sin embargo, no siempre definimos bien qué es lo que estamos perdiendo.

Muchas veces confundimos fallar con fracasar a pesar de ser conceptos diferentes.

Uno puede fallar y equivocarse mil veces, pero ¿si al final consigue su propósito podría decirse que ha fracasado?

Asumir que cometer errores es algo natural te ayudará a restarle importancia.

Si fallar y fracasar no es lo mismo, ¿qué es fracasar?, ¿el fracaso supone algo más grabe e irreparable?

Personalmente, a día de hoy, creo que fracasar es no intentarlo, es rendirse incondicionalmente.

He aprendido que me siento mejor cuando intento algo (aunque me salga mal) que cuando no lo intento.

Así, con este pensamiento, estoy aprendiendo a usar el miedo a como un trampolín para ponerme en funcionamiento.

Es decir, ya no me niego de forma rotunda la posibilidad de emprender algo nuevo.

  1. Mira el fracaso como lo que es, ni más ni menos.

Hace años pensaba que fracasar era lo peor que podía pasarme. Alimentaba mi miedo con pensamientos catastrofistas que me impedían avanzar.

Sin embargo, aunque en ocasiones fracasar puede ser una auténtica mierda, no es el fin del mundo.

El fracaso a veces te ayudará a crecer y aprender de tus errores y otras, te sentará como una patada en el culo, durará un tiempo, pero pasará.

Por eso, mira al fracaso como lo que es: algo temporal.

  • Ana, pero a mí me asusta fracasar y que me señalen con el dedo siempre que me vean.

Fíjate que aquí lo que te está asustando no es el fracaso en sí, sino la opinión de otros.

Cuando esto sucede, quizás sea momento de fortalecer tu autoestima y mandar al cuerno a quien haga falta.

Además, ¿seguro que eso pasará así irremediablemente y durará siempre? Lo dudo mucho.

Si estás en ese punto revisa tus distorsiones cognitivas.

  1. El vértigo viene de una mala postura.

Cuando tienes problemas cervicales si inclinas mucho la cabeza (hacia arriba o hacia abajo) es posible sentir mareos.

A la hora de emprender algo nuevo en tu vida, ocurre lo mismo. Si miras hacia ese proyecto con una mala postura te asustarás.

Si te centras en mirar hacia arriba, hacia la meta, verás tantos pasos a dar que fácilmente te aturrullarás y bloquearás.

Y si te centras en mirar hacia abajo, hacia todo aquello que puede salir mal, es lógico ver un abismo.

Es por eso que te animo a mirarlo lentamente. Ve poco a poco, empieza por pequeñas acciones a realizar y sigue avanzando.

Por ejemplo: Si te asusta pedirle el teléfono a alguien, empieza por algo más sencillo como simplemente saludar y decir: “hola”.

  1. La cagué, ¿y qué?

Demasiadas veces pensamos en aquello que puede ir mal y cómo evitarlo. Sin embargo, pocas veces pensamos en cómo aliviar los efectos colaterales en caso de que fracasemos.

En caso de que la cagaras a lo grande, ¿has pensado qué podría ayudar a amortiguar el golpe?

Te animo a que tengas un plan B si esto te sirve de tranquilidad.

Por ejemplo, si monto un negocio y pierdo mi dinero, ¿qué podría hacer para reponerme económicamente?, ¿a quién podría acudir?

Tener estas respuestas claras te ayudará a ver que el miedo al fracaso es un poco más pequeño.


Estas son sólo algunas estrategias que puedes emplear para vencer el miedo al fracaso. Si sientes que tu miedo es altamente paralizante te animo a trabajarlo de forma personal. Para ello, una terapia personalizada puede ser una muy buena opción.

A este respecto, ya sabes que me tienes a tu disposición. Si deseas que trabajemos de forma profesional puedes contactarme pinchando aquí.


Si te ha gustado el contenido, puedes hacérmelo saber en los comentarios que aparecen más a bajo, o también puedes invitarme a un café 😉 y contribuir al mantenimiento de este blog con tu donativo.

Pincha en la tacita para hacer tu donativo.






Sobre la autora:

“Soy Ana Hidalgo, psicóloga de profesión y persona como tú, con grandes experiencias tanto a nivel personal como profesional.

Me dedico a ayudar a personas a superar situaciones difíciles y salir fortalecidas de ellas.

Si quieres recibir semanalmente artículos sobre amor, desamor y relaciones en general, suscríbete gratis a mi blog en terapiaconAna.com”