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8 pasos para enfrentarte a cualquier problema de pareja

Autora: Ana Hidalgo

Ana, tengo problemas con mi pareja, ¿qué hago?

Esta es una frase que leo cada semana entre los mensajes que recibo en mi mail.

Los problemas de pareja pueden ser muy variados: falta comunicación, disminuye el deseo sexual, hay problemas económicos, con las familias

Ya he hablado de varios de ellos en distintos posts (puedes pinchar sobre ellos para acceder a los artículos), sin embargo, hoy quiero mostrarte los 8 pasos a seguir cuando te encuentres ante alguno de ellos.

8 pasos para resolver los problemas con mi pareja:

  1. Preparar mi mente.

Al igual que antes de una carrera calientas y preparas tus músculos, ante un problema es importante preparar la mente.

Por lo general tendemos a actuar o bien de forma impulsiva o bien de forma pasiva.

Cuando queremos quitarnos el problema de encima cuanto antes, tendemos a ser impulsivos; mientras que actuamos de forma pasiva cuando pensamos que el problema se resolverá por sí solo, sin que hagamos nada para solucionarlo.

En ambos casos perdemos oportunidades de solucionar el problema de una forma más óptima para nosotros.

-Ana, entonces, ¿cómo lo hago?

Buscando un momento tranquilo y adecuado que te permita prestarle la atención que merece.

Esto es, no trates de resolverlo cuando estés muy agitado o en momentos de cansancio o desánimo.

Recuerda que tu actitud es importante, si lo ves como una enorme montaña a escalar, te sentirás pequeño ante él y te será más difícil resolverlo.

Para evitar que esto te suceda, te animo a pensar de forma un tanto pasota, pero valiente:

  • Tengo un problema con mi pareja, sí ¿y qué? Vamos a afrontarlo.
  1. Mirar de frente al problema.

Es muy difícil solucionar un problema si no tenemos datos sobre el mismo, por ello es necesario atreverse a mirarlo de frente.

Al igual que los pintores, vamos a comenzar haciendo un esbozo o boceto. Para ello pregúntate:

  • ¿Cuáles pueden ser las causas del problema?
  • Los actuales problemas con mi pareja ¿qué significan para mí?
  • ¿A qué áreas de mi vida afectan los problemas con mi pareja?
  • ¿Qué personas están implicadas?…

Así, poco a poco podrás ir definiendo y entendiendo mejor tu problema.

Y es que, como habrás oído en más de una ocasión: “un problema bien planteado es un problema medio resuelto”.

Por ejemplo, definir un problema como: “mi pareja me ha puesto los cuernos” no es un problema bien definido, ya que no puede resolverse, forma parte del pasado.

Sin embargo, pensar en consecuencias que para ti puede tener, te acercará a una definición más manejable.

Por ejemplo: “me asusta que mi familia se rompa”.

El problema, abandona así el pasado que no podemos cambiar y, comienza a ser algo que podría tener soluciones.

  1. Recoger información sobre el problema

Ojo, recoger información sobre el problema no significa regodearnos metiendo el dedo en la llaga.

Se trata de recoger información relativa al problema para poder decidir de acuerdo a nuestros valores y principios.

Dado que es un problema de pareja, lo ideal sería tomar una decisión en pareja.

Para ello, buscad información sobre cómo afecta el problema a vuestras creencias, sentimientos, valores, actividades, roles…

Antes que nada, hay que plantearse dos cuestiones importantes:

¿Tiene solución?

La infidelidad ya ocurrida no tiene solución, pero evitar la ruptura familiar sí podría tenerla.

¿Depende de mí la solución?

Quizás no puedas controlar si tu pareja te será o no infiel nuevamente, pero sí puedes manejar otros aspectos, como si decides perdonar, continuar con la relación, aprender a vivir sin esta relación, llegar a acuerdos respecto a los hijos, sexualidad…

Esto es, trata de comprender el problema desde distintos ángulos.

Para ello, podéis sopesar su importancia considerando los beneficios y perjuicios que ocasiona tanto el resolverlo como el no hacerlo.

  1. Generar soluciones

Pocas cosas en la vida son blancas o negras, generalmente hay una amplia variedad de medidas que se pueden adoptar.

Para no frenar vuestra imaginación a la hora de generar alternativas, realiza una lluvia de ideas sobre cualquier posible solución.

No importa si algunas de ellas son locas o ilógicas o si unas alternativas se contradicen a otras, da igual.

De hecho, si en vuestra lista no aparece ninguna así muy probablemente te estés censurando antes de tiempo.

Permitíos escribir alternativas locas o absurdas, de este modo tu mente se sentirá libre de pensar lo que quiera y podrán surgir grandes ideas.

Para ello, si fuese necesario, podéis además pedir ayuda a vuestro entorno social pues, cuanto más alternativas tengáis, mejor.

Tratad de crear un mínimo de 30 alternativas para tener opciones.

  1. Sacar tus mañas

Ahora toca ser un poco mañoso y revisar las alternativas que has propuesto en el paso anterior.

Habrá ideas que puedas descartar fácilmente en base a tu sentido común, otras que puedan servir, pero sólo parcialmente, y algunas que puedan ser acertadas a pesar de que te generen ciertas dudas.

Ten en cuenta que a veces tendrás que sacar tus mañas para combinar varias alternativas y así crear una que se adapte mejor a la solución de vuestros problemas de pareja.

Ahora, por tanto, toca valorar y comparar cada una de las posibles soluciones teniendo en cuenta distintos factores.

Por ejemplo, considerad el bienestar emocional, tiempo y esfuerzo a emplear, los daños o beneficios personales, económicos, sociales…

Es importante que consideréis lo que os agrada cada alternativa, y ver si existen combinaciones que abarquen las distintas áreas.

  1. Testear antes de decidir

Si bien no hay que esperar a que todo esté listo y bien atado para tomar una decisión (pues esto rara vez sucede), si podéis testear vuestra opción.

Si bien esta parete no es totalmente necesaria, os planteo varias formas para testear el problema:

Una: preguntar a personas que han pasado por lo mismo y optaron por la opción que queréis tomar.

Evidentemente sois distintos, pero podréis resolver algunas dudas.

Por ejemplo, si decidís terminar la relación pueden explicaros qué pasos legales dieron, qué consecuencias emocionales tuvieron, cómo se enfrentaron a ellas…

Si decidís continuar la relación podéis preguntarles cómo manejaron los celos, la desconfianza, qué les ayudó a seguir adelante…

Segunda forma de testear tu posible decisión:

Actuar durante un breve tiempo prefijado “como si…”. Esto es, poneros a prueba y actuar durante, por ejemplo, una semana, como si vuestra decisión se hubiese tomado ya.

En este caso, podéis anotar qué cambios experimentáis, qué dificultades encontráis, qué apoyos, qué beneficios o perjuicios…

Transcurrido este tiempo de prueba, con esa nueva información, podéis volver a sopesar vuestras alternativas.

  1. ¡Al ataque…!

Toca decidir.

Una vez tomada la decisión se deja de dar vueltas al asunto, se asume el compromiso de llevar a la práctica la decisión tomada.

Suele venir muy bien dejar por escrito los motivos por los que tomáis la decisión, así, en caso de dudas, podréis revisarlos.

Como en toda batalla, requiere de una estrategia.

Ya sabéis qué es lo que queréis hacer, ahora toca tramar el plan de acción.

Para ello, enumerad los pasos a dar y subdividirloss en tareas sencillas y bien definidas.

Recuerda que vuestros objetivos deben ser específicos y concretos (una sola cosa por objetivo), y, además, deben ser medibles y alcanzables.

Estableced plazos para alcanzarlos os servirá para que no procrastinéis ni los olvidéis dado que, con frecuencia, cuando algo nos asusta un poco tendemos a demorarlo.

  1. Echar la vista atrás

Dicen que para saber si una herida está curada hay que hacer como con el tequila: echarle sal y alcohol.

Si al hablar sobre el tema sigue escociendo, es que todavía el problema no se ha terminado de resolver.

Tanto si escuece tu herida como si no, es importante echar la vista atrás y evaluar el camino recorrido.

De esta forma sabréis si todavía os falta mucho por recorrer, si vais por el camino que deseáis o si hay que cambiar el plan.

Al hacer esto, pueden pasar principalmente dos cosas:

  • La herida ya se ha curado o está en camino de cicatrización. Genial, felicítate por el esfuerzo, parece que vas por el camino adecuado.
  • La herida sigue sangrando o ha aumentado su tamaño. En este caso, plantéate, ¿ha merecido la pena intentar solucionarlo?, ¿has aprendido algo en este proceso?, ¿crees que lo que falla es el plan o el objetivo? Quizás sea el momento de re-definir el problema con la nueva información generada en este proceso. En cualquier caso, felicítate por tu esfuerzo.

A tener en cuenta:

Si bien hoy te comparto los pasos a dar para resolver problemas de pareja, y aunque pueda parecerte que, como suele decirse, quiero barrer para casa, lo cierto es que la terapia de pareja puede ser una muy buena opción para ayudarte en todo este proceso.

Evidentemente no todos los problemas de pareja requieren de terapia, habrá muchos que podáis resolver por vosotros mismos, pero, si sentís que se os complican o se os escapan de la mano, ya sabéis que en consulta podéis encontrar un gran apoyo.

A este respecto, si deseáis recibir mi ayuda profesional y que trabajemos juntos, me tenéis a vuestra disposición.

Estaré encantada de atenderos bien en mi centro de Alcorcón, bien a través de la terapia on line.


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Sobre la autora:

“Soy Ana Hidalgo, psicóloga de profesión y persona como tú, con grandes experiencias tanto a nivel personal como profesional.

Me dedico a ayudar a personas a superar situaciones difíciles y salir fortalecidas de ellas.

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