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Una realidad inquietante

Quizás hayas visto en internet que algunos psicólogos han comenzado a hablar de la narcotización de las emociones.

¿Realmente consumimos tantos fármacos?, ¿a qué puede deberse?, ¿qué implicaciones tiene?

Ante tantas cuestiones he querido preguntar al psicólogo David Salinas, autor del libro “La dictadura de la felicidad”, quien lleva tiempo estudiando este tema.

Como la suerte baila con quien está en la pista de baile, puedo decirte que hoy me ha tocado bailar. En realidad, nos ha tocado a los dos, a ti y a mí, pues hemos tenido la suerte de que David, experto en la materia, accediera a compartirnos sus conocimientos en este artículo.

De hecho, la narcotización de las emociones no es solo una temática de moda, también nos advierte de una inquietante realidad.

Toma nota de sus Conejos para “generar anticuerpos” ante esta ola narcótica emocional.

La narcotización de las emociones como una realidad inquietante

Autor: David Salinas

La toma de psicofármacos, la demanda de atención psicológica y los suicidios han aumentado en los últimos años de forma preocupante. Y seguro que la pandemia tiene algo que ver. Pero decir que todo es debido a eso creo que es una conclusión sencilla y sin base.

Los problemas psico-emocionales ya existían antes del coronavirus, solo que quizá, ahora, se han dado una serie de circunstancias para que nos fijemos más en ellos. Por ejemplo, la población en la que más ha aumentado el número de suicidios ha sido la juvenil. Los jóvenes necesitan, quizá más que cualquier otro sector poblacional, salir y relacionarse más. Pero la disminución de ese factor relacional no habría de ser motivo para que nadie se mate. Simplemente han (y hemos) tenido más tiempo para mirarnos por dentro y ver que hay cosas que estaban mal.

Y eso no es malo. Porque así es como uno se da cuenta de que esas cosas que andan mal las puede arreglar. Solo cuando aceptamos que estamos rotos, podemos empezar a reconstruirnos. Sin embargo, cuando estar roto se convierte en lo peor, la única alternativa, para algunos, es romperse del todo.

Cómo se ha llegado a la narcotización de las emociones

No estoy seguro de cuándo ni cómo empezamos a desarrollar una intolerancia tan alta al dolor. No cuesta tanto sentir dolor que preferimos narcotizar (drogar, sedar) nuestras emociones. En la reciente película “No mires arriba” se contempla este fenómeno perfectamente: un cometa se va a estrellar contra La Tierra y se la va a cargar, pero tanto políticos como medios de comunicación prefieren ignorar el problema, quitarle hierro, “Bah, seguro que no es para tanto, algo se podrá hacer”. Cuando la científica que descubrió el cometa grita en televisión aterrorizada por lo que está pasando, se la tilda de loca.

Pues, a veces, necesitamos gritar, y llorar, y reconocer que tenemos problemas, y bien gordos, y que nos duelen, pero no por ello vamos a dejar de verlos cara a cara y enfrentarlos en lugar de mirar hacia otro lado. Sin embargo… eso es incómodo. Y vivimos tan cómodos, instalados en nuestra burbuja de confort, observando constantemente esos falsos escaparates de felicidad en los que se han convertido las Redes Sociales, que preferimos esconder la cabeza e ignorar nuestros sentimientos. Continuar sedados con Facebook, Netflix, las compras compulsivas, las fiestas, las drogas, nuestro trabajo, nuestra rutina inquebrantable… hasta que viene un virus y te rompe todos los esquemas.

Qué opciones hay para no llegar a la narcotización de las emociones:

Las vacunas de la depresión, la ansiedad y otras patologías psicoemocionales no existen. Pero sí hay anticuerpos:

– En primer lugar, conoce, acepta y valora tu Universo Emocional

Sentir tristeza, miedo, vergüenza, culpa, ira o soledad no es malo, es incómodo o doloroso, pero no por ello un problema. De hecho, estas emociones también nos brindan beneficios: la tristeza nos ayuda a superar la adversidad y la pérdida, el miedo nos protege, la ira nos dota de energía para defendernos, la culpa favorece la conducta altruista, la vergüenza nos ayuda a integrarnos en el grupo y la soledad facilita el autoconocimiento y la creatividad.

-Permítete sentir

Cuando estas emociones se vuelven incapacitantes o se prologan e intesifican, causando un sufrimiento mayor a la persona, es cuando se consideran problemáticas. Pero esto suele suceder, precisamente, cuando más nos resistimos o rechazamos la emoción. Si yo me siento mal, puede ser jodido. Pero si me siento mal porque me siento mal porque me digo a mí mismo que no debería sentirme así, la jodienda es triple. Permítete sentir esas emociones, porque sintiendo la emoción, es como esta se extingue, ya que la resistencia al emoción solo hace por agrandarla y alargarla en el tiempo.

– Expresa cómo te sientes

Si necesitas llorar, hazlo. Si necesitas reconocer que tienes miedo, hazlo (te sorprenderá la empatía y el apoyo que puedes encontrar). Lo que guardamos se hace más grande dentro de nosotros. Cuando lo expresamos, lo sacamos. Hay muchas maneras de hacerlo: llorar, gritar, compartir cómo nos sentimos con alguien de confianza, escribir…

– Trata de no quedarte ahí todo el tiempo

Una cosa es permítete sentir la emoción y otra bien distinta es recrearla. ¿Cómo la recreamos? A través de nuestros pensamientos: rumiando, con el drama, con la negatividad, culpándonos y victimizándonos… En cambio, cuando le doy su tiempo y espacio a la emoción, sin caer en esas actividades mentales que la refuerzan, luego me es más fácil poner mi atención y mi energía en lo que me provoca alegría, placer, paz, bienestar.

– Por último, pide ayuda

Quizá los expertos nos equivocamos y no ha habido un aumento de la demanda de atención psicológica porque estemos peor sino porque somos más conscientes de que queremos (y podemos) estar mejor y que eso no se consigue solo con un aumento de sueldo o comprando un coche nuevo, sino, sobre todo, trabajando nuestro interior. No lo sé, siempre intento dudar de todo, pero estoy seguro de que sería interesante estudiarlo profundamente. ¿Estamos peor o somos más conscientes del cambio que necesitamos como individuos y como sociedad? Sea como fuere, para ayudarte con ese cambio, estamos los profesionales. Quienes, por cierto, no estamos exentos de pedir también ayuda, por supuesto.

En mi libro, La Dictadura de la Felicidad, hablo más extensamente de temas que he tocado en este artículo. Y es que parece eso, ¿verdad? Una dictadura de la felicidad. Se nos ha impuesto (o así lo percibimos y sentimos) que siempre hay que estar bien y que si estás mal tienes un problema o, incluso, que tú eres el problema. Pero no. No es así. Puedes sentirte mal y, seguramente, muy buena parte de la felicidad resida en aprender más sobre estar mal. Un abrazo.


¿Quieres saber más sobre el libro La Dictadura de la Felicidad?

Mira la entrevista que le hemos hecho a David

 

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