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by Ana Hidalgo
La fobia social es mucho más que ser tímido en determinadas situaciones.
El miedo al ridículo, a hablar en público, a sentirnos juzgados…son miedos que muchos hemos enfrentado en alguna ocasión. Sin embargo, no siempre es fácil superar estos miedos, pues es cuestión de grado.
De hecho, en ocasiones estos miedos pueden esconder dificultades más serias como son la fobia social.
Hoy quiero dedicar este artículo a todas esas personas que han pasado de sentir miedo a sentir fobia ante determinadas situaciones sociales aparentemente tan cotidianas como comer, beber o hablar en público.
Es por eso que voy a hablar de fobia social.
Por ejemplo, en algunos casos pueden aparecer únicamente sólo ante la posibilidad de comer, beber o exponer un trabajo o una opinión delante de otros, esto son fobias sociales específicas.
En otros casos, puede ser algo más generalizado como iniciar o mantener una conversación, tener citas, participar en pequeños grupos… siendo esta última opción la más frecuente.
Estas son algunas de las frases que he escuchado en más de una ocasión relacionadas con miedos sociales.
Ojo, no siempre que se producen estos miedos hay fobia social, pero sí pueden degenerar en ella.
Si revisamos los manuales diagnósticos como el DSM, encontramos que la fobia social se define como:
Además, requiere, entre otros, de los siguientes criterios:
La fobia social acarrea malestar a nivel fisiológico, conductual, cognitivo y, por supuesto emocional, dado que interfiere con la vida de quien la padece.
A nivel fisiológico, es frecuente la sudoración, temblor, taquicardia, enrojecimiento facial…
Al ser síntomas visibles a los demás, con frecuencia se viven como una muestra de defecto o incapacidad y se plantean como el principal problema.
Respecto a los síntomas conductuales, lo más característico son las reacciones de escape y evitación.
Entre estas conductas está el rehuir la mirada, no asistir a actos sociales, no hablar…
En cuanto a los síntomas cognitivos, generalmente estos giran al miedo a la evaluación negativa, a la desaprobación, a la crítica…
Son comunes los pensamientos del tipo: “estoy haciendo el ridículo”, “pensarán que soy raro, un inútil, un fracaso…” , etc.
A diferencia de lo que ocurre con otros problemas de ansiedad, en estos casos, lo que se siente amenazado es la propia autoestima e integridad psicológica.
Es por ello que la fobia social con frecuencia lleva asociados otros trastornos y dolencias.
Entre ellos: la depresión, el consumo de drogas o incluso los intentos de suicidio.
Afortunadamente, la fobia social tiene tratamiento.
De hecho, se observan buenos resultados con la aplicación en el proceso psicoterapéutico de técnicas cognitivo-conductuales.
En concreto, el empleo de técnicas como la exposición, la relajación y el entrenamiento en habilidades sociales pueden ser de gran utilidad en su tratamiento.
A este respecto, si deseas recibir mi ayuda profesional como psicóloga, ya sabes que me tienes a tu disposición.
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Estaré encantada de atenderte tanto en mi centro de psicología de Alcorcón como a través de la terapia on line si así lo deseas.
“Soy Ana Hidalgo, psicóloga de profesión y persona como tú, con grandes experiencias tanto a nivel personal como profesional.
Me dedico a ayudar a personas a superar situaciones difíciles y salir fortalecidas de ellas.
Si quieres recibir semanalmente artículos sobre amor, desamor y relaciones en general, suscríbete gratis a mi blog en terapiaconAna.com”.