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Cómo nos hablan las emocionesEn qué consiste el procesamiento emocional

Qué pasos damos al procesar las emociones

Autora: Ana Hidalgo

¿Te has planteado alguna vez en qué consiste el procesamiento emocional?

En muchas ocasiones las emociones y sentimientos se arraigan a nosotros y es muy difícil soltarlas. Esto pasa especialmente tras vivir algún acontecimiento traumático o que experimentamos como tal.

terapia para el procesamiento emocional

Por ejemplo, si estás atravesando un duelo o si algo de lo que has visto u oído te persigue hasta el punto de dañarte, es posible que tus emociones queden entremezcladas y liadas como si de una cuerda se

tratase.

En terapia, los psicólogos tenemos precisamente la tarea de ayudar a desliar esta maneja. Para eso, necesitamos conocer bien en qué consiste el procesamiento emocional, cuáles son sus fases.

Para que puedas hacerte una idea de este proceso, hoy quiero compartirte los pasos que damos al procesar las emociones. Ya te adelanto que yo también me he enredado en alguno y he tenido que revisar mi madeja emocional

En qué consiste el procesamiento emocional

Siguiendo con el ejemplo anterior, cuando tenemos un problema con nuestras emociones, se forma un lío en la madeja. Ahora bien, para poder desliarlo debemos saber dónde se encuentra ese nudo.

Saber en qué fase del procesamiento emocional están los nudos nos permite desenredar el lío emocional y desbloquearnos. Te lo muestro a continuación con ejemplos para que te sea más sencillo.

Antes, aclararte que la idea no es mía, yo la he aprendido del psicólogo Enrique Parada, experto en traumas. Él señala seis fases en el procesamiento emocional.

1.      Apertura emocional:

Se trata de ser capaces de darnos cuenta de que estamos experimentamos una emoción. Esto implica integrar componentes psicológicos y somáticos (físicos).

Si recuerdas, la emoción surge como respuesta tras percibir una sensación a un estímulo exterior. Es por eso que, para realizar un procesamiento emocional primero debemos percibirlo, debemos darnos cuenta de su existencia.

Cuando falla esa fase (en su lado más extremo) se produce lo que se conoce como alexitimia.

Las personas con alexitimia son incapaces de percibir e identificar las emociones (propias y ajenas). Imagínate vivir sin saber si estás alegre o enfadado, sin darte cuenta de que tu cuerpo está relajado o tenso.

¿Cómo vas a poder lidiar con una emoción que ni sabes existe en ti?

En estos casos, en terapia entrenamos el reconocimiento de sensaciones internas y enseñamos a darles nombre. De esta forma, se irá creando la conciencia de cuándo se experimenta una emoción.

2.      Atención emocional:

No basta con tener la capacidad de identificar las emociones. Las emociones también requieren de cierta atención.

Por ejemplo, en ocasiones vivimos tan deprisa que no nos paramos a experimentar si lo que nos está sucediendo es que nos sentimos cansados o enfadados. Si no realizamos una atención consciente sobre nuestras emociones, nos será muy difícil lidiar con ellas.

¿Te ha pasado alguna vez eso de que otros vean antes que tú cómo te sientes?

Se me viene a la cabeza la típica frase de: “chico, para un poco o vas a enfermar”. En ocasiones, los demás son capaces de percibir nuestro estrés antes que nosotros.

Te confieso que esto a mí me ha pasado alguna vez. Cuando me entusiasmo tanto con algún proyecto nuevo puedo olvidarme hasta de comer. Por fortuna, con el tiempo he aprendido a dedicarle un ratito a mis emociones. Así, puedo ver si me estoy pasando de revoluciones o no y bajar el ritmo si fuese necesario.

Esto es justamente lo que se trabaja en terapia cuando el procesamiento emocional falla en esta fase.

3.      Aceptación emocional:

Otro fallo muy común dentro del procesamiento emocional consiste en no saber mirar a nuestras propias emociones sin juzgarlas.

A veces olvidamos que las emociones ni son buenas ni malas, simplemente existen y ya está.

Podemos sentir rabia, pena, amor o ternura ante situaciones que nos cuesta reconocer tanto pública como internamente. Por ejemplo, cuando alguien se resiste a llorar ante una película, aunque lo esté deseando no está aceptando su emoción. También cuando nos cuesta reconocer que alguien nos cae mal, nos gusta o sencillamente sentimos envidia.

Aquí las normas sociales pueden estar influyendo en nuestro criterio dado que hay emociones que no terminan de ser bien vistas socialmente.

En estos casos, en terapia trabajamos sobre los bloqueos que nos impiden aceptar las emociones. Para ello se revisarían creencias, valores, derechos asertivos…

4.      Etiquetado emocional:

Uno de los aspectos en los que más suelo insistir a mis clientes es en ampliar el vocabulario emocional. Si no sabemos cómo llamar a aquello que nos sucede, nos resultará tremendamente difícil diferenciarlo y entenderlo.

El etiquetado emocional es la fase del procesamiento emocional en la que nombramos con claridad las emociones. Cuando no sabemos distinguirlas se produce una gran confusión emocional y con ella, un gran malestar.

Por ejemplo, algunos clientes me dicen que se sienten “plof”. Sin embargo, hay que tratar de concretar un poco más. No es lo mismo sentirse plof por estar abatido, decaído o cansado.

Tener claro cómo te sienes te ayudará a saber qué medidas puedes tomar al respecto. En este caso, la terapia para mejorar el procesamiento emocional ayudará a etiquetar de forma adecuada el cómo nos sentimos.

5.      Análisis emocional:

La quinta fase del procesamiento emocional trata de hilar un poco más fino que en la fase anterior. Aquí comenzamos a reflexionar y entender lo que la emoción que acabamos de etiquetar quiere decirnos.

Para ello, nos será de gran utilidad entender cuatro elementos:

  • El origen de la emoción. Eso es, el por qué se ha activado dicha emoción.
  • El mensaje: ¿Qué trata de decirnos la emoción?
  • La validez: ¿proviene de una falsa alarma o es lícita?
  • El aprendizaje: ¿qué conclusiones podemos sacar de dicha emoción?

Te pongo un ejemplo para que lo veas más fácil:

Podemos sentir miedo al ver moverse algo entre los matorrales. Esta emoción podría estar alertándonos de un posible peligro. Comprobar su validez nos ayudaría a discernir si el peligro era o no real (había una serpiente, por ejemplo). Finalmente, el análisis emocional nos dirá a qué conclusión podemos llegar, si podemos pasar o no por ese camino sin peligro.

Como ves, nuestras emociones pueden ser una gran fuente de información, tanto exterior como interior.

6.      Modulación emocional:

Generalmente esta suele ser la parte del procesamiento emocional más vistosa, las que todos queremos dominar. Ahora bien, también es, posiblemente, la que suele costarnos más aprender pues requiere dominar las anteriores.

Consiste en saber manejar las emociones de tal forma que podamos evocar o sustituir unas emociones por otras con facilidad.

Como es lógico, esta fase del procesamiento emocional requiere de práctica y entrenamiento.

Para ello, será importante aprender a emplear estrategias cognitivas y conductuales.

Por ejemplo, buscando refugio en algún recuerdo positivo, modulando la atención, aprendiendo a describir estímulos sensoriales…

Como puedes ver, el procesamiento emocional es un mecanismo elaborado, necesario para nuestro bienestar mental y físico.

Procesar emociones implica abrirse a ellas, evitar que se gangrenen dentro de nosotros. Implica además aceptarlas y comprenderlas y, por fortuna, puede aprenderse.

De esta forma, podemos evolucionar emocionalmente a la hora de enfrentarnos o superar algún acontecimiento traumático.

Un buen procesamiento emocional te ayudará a pasar página tras un duelo, una situación estresante, un trauma…

Si necesitas ayuda en alguna de las fases del proceso, ya sabes que me tienes a tu disposición.

 

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